CAPÍTULO 112. Una mujer que necesita sanar
CAPÍTULO 112. Una mujer que necesita sanar
Devon se tambalea un poco en su lugar. Su rostro está rojo de furia y desesperación. Sé lo que le estoy provocando porque juro que lo he sentido en mi propia piel: esa impotencia desgarradora de saber cuando alguien está mintiendo sin ninguna vergüenza delante de ti.
—¿En serio tú me hiciste eso? —le digo como si me burlara de él—. ¿Siquiera tienes pantalones para eso?
—¡Sí! —grita fuera de sí, señalándome con el dedo—. ¡Sí, maldit@, yo lo hice! ¡Yo fu