Reiko
No podía despegar mi vista de su dulce rostro, me incliné un poco hacia ella, extendí mi mano y alcancé la manta que estaba casi en sus rodillas, la alcé y la cubrí hasta los hombros. En su rostro se dibujó una suave mueca de placer.
Verla dormir así de tranquila, me llenaba el corazón.
Alcé mi celular y miré la hora, aún quedaban 120 minutos más de vuelvo para llegar a Nueva York. Acomodé mi espalda en mi asiento y volví a examinarla con detención, podría llevarme horas en eso y no me ab