Una chica muy decidida y atlética practicaba movimientos marciales a un lado del tapete de competición, lanzaba algunas patadas y con sus brazos rasgaba el aire de forma imaginaria, daba pequeños saltos seguidos y movía sus hombros en forma circular.
-¡Competidores ingresen al área!- se escuchó con fuerza la voz del juez
La chica paró de saltar, alertada por la indicación del juez. Se apretó con fuerza su armadura de Kendo y bajó la máscara que la protegería de las envestidas del contrincante.