Mundo de ficçãoIniciar sessãoEn cuanto termino con la sesión de yoga de las cinco y apago la música relajante que se supone que debería dejar mi mente en blanco, me doy cuenta de que sigo igual de cabreada e indignada que los anteriores cuatro días. Ni siquiera la ascendencia al mismísimo nirvana podría haberme puesto de buen humor, de hecho, llevo de un humor de perros desde el mismo instante en que no recibí ni una mísera llamada o un triste mensaje después de que atravesara la puerta de mi casa.
Le di la oportun







