Su grito hizo que me lamente seguir en lo mismo, incapaz de moverme, me tiré a llorar y nada más, no puedo seguir en está situación. Él intentó tomarme de los brazos pero no fui capaz de quedarme quieta porque me removí en mi lugar para intentar alejarme de él.
—¡Por favor, Melina!
—No, me secuestraste —hizo una pausa, volviendo yo a empujarlo—. Me has secuestrado, has permitido que me golpeen y ¿pretendes que me quede contigo? No.
Di pasos hacía atrás moviendo la cabeza en varias negativas