Lisa dejó salir el aire lentamente por sus pulmones. Le encantaba aquel jueguito de seducción, y sentía las manos masculinas calientes contra la piel descubierta de su abdomen. Todavía no veía su rostro, pero y están casi segura de que iba gustarle definitivamente.
—Eso depende de si me gustas o no.
Entonces se dió la vuelta con curiosidad, para encontrarse con el hombre más condenadamente guapo que había visto en la vida. Se quedó estática, viendo sus ojos grises, como si dentro se estuviera l