48. Nervios de punta
Skyler no había podido dormir. Dio vueltas en la cama durante horas, repasando cada palabra que su hermana le había dicho. No confiaba en ella, nunca lo había hecho. Y ahora que había regresado, sabía que algo tramaba.
Cuando bajó a desayunar, Alexander ya estaba en la cocina. La observó en silencio mientras servía café, notando que sus manos temblaban un poco.
—No hace falta que finjas que todo está bien —le dijo, con voz firme—. Se te nota desde ayer.
Ella dejó la taza sobre la mesa y lo miró, agotada.
—Delaney está de vuelta. No la vi venir, Alex. Pensé que estaba en Europa, que no se atrevería a regresar.
—¿Y por qué te preocupa tanto? —preguntó él.
—Porque la conozco —respondió sin pensarlo—. Cuando Delaney quiere algo, no se detiene. Si cree que puede tener mi vida, la tomará. Siempre ha sido así.
Alexander se apoyó en el respaldo de la silla.
—No será tan fácil ahora. Tú construiste lo que tienes, y no lo hiciste con el apellido Donovan, sino con tu cabeza. Ella no sabr