43. Quiero su vida
El desayuno de los Donovan se enfriaba sobre la mesa cuando Delaney dejo los cubiertos en la mesa y los miró con esa sonrisa que siempre helaba el ambiente. El apetito se les había esfumado en cuanto la vieron.
—No saben cuánto los extrañé —dijo con dulzura fingida, limpiandose los labios con una servilla.
Su mamá la observó con cierta inquietud. En cambio, su padre dejó el periódico sobre la mesa, alerta.
—¿Qué sucede, hija?
Delaney se acomodó en la silla frente a ellos y cruzó las piernas.
—He estado siguiendo las noticias. Ya vieron a Sky, ¿no? Salió en todos los periódicos. Empresaria del año, esposa devota, madre ejemplar… —sonrió sin alegría—. Todo tan perfecto, tan brillante.
Su madre intercambió una mirada con su esposo.
—Sí, nos hemos enterado —respondió con cautela—. Parece que al fin ha encontrado estabilidad. Justamente de eso hablábamos antes de tu llegada, quizás deberíamos dejar de pensar en ella.
Delaney soltó una risita amarga.
—¿Estabilidad? Ocho año