43. Quiero su vida
El desayuno de los Donovan se enfriaba sobre la mesa cuando Delaney dejo los cubiertos en la mesa y los miró con esa sonrisa que siempre helaba el ambiente. El apetito se les había esfumado en cuanto la vieron.
—No saben cuánto los extrañé —dijo con dulzura fingida, limpiandose los labios con una servilla.
Su mamá la observó con cierta inquietud. En cambio, su padre dejó el periódico sobre la mesa, alerta.
—¿Qué sucede, hija?
Delaney se acomodó en la silla frente a ellos y cruzó las pier