38. No escaparás de mi
El sonido del tren nocturno se mezclaba con el murmullo constante de la lluvia. Alessia ajustó la bufanda alrededor de su cuello mientras observaba por la ventana el reflejo distorsionado de una mujer que ya no existía. La Alessia Accardi había muerto en el hospital aquella madrugada, justo después de escuchar la nota de voz que le arrebató el suelo bajo los pies. Había recogido su bolso, su pasaporte y los análisis que confirmaban su embarazo de mellizos. Y se había ido sin mirar atrás.
Ahora, en un país donde nadie pronunciaba su apellido correctamente, solo era Alya Novak, una mujer embarazada con una maleta prestada y un miedo que la acompañaba como una sombra larga.
El tren atravesaba un túnel interminable y ella respiró hondo, llevando una mano a su vientre. Los bebés se movían, suaves, burbujeantes, como recordándole que no estaba sola aunque todo lo demás hubiera quedado atrás. Aún podía escuchar la voz de Vladimir en su memoria, grave, segura, peligrosa.
«Mi pequeña alumna