Mi primer día en Steele y Lawson ha llegado por fin a su fin mientras espero el ascensor, con los teléfonos sonando a mis espaldas y con la mente más dolorida que nunca desde la universidad. Las puertas metálicas reflectantes se deslizan y el universo vuelve a reírse de mí cuando veo a la única persona que ya está en el ascensor. No parecen alegrarse más de verme que yo cuando levantan la vista de su teléfono, sólo para volver a él.
—Hola, señor Steele —le saludo en voz baja, segura de que no