AL DÍA SIGUIENTE
Alessandro irrumpió en la habitación del Padrino Marco con los ojos ardiendo de furia.
—Te lo advertí, Padrino —gruñó con voz baja y amenazante—. Te dije que te mantuvieras al margen de mis asuntos… pero no puedes evitarlo, ¿verdad?
El Padrino Marco permanecía sentado detrás de su escritorio, con expresión indescifrable. No se inmutó. Ni siquiera parpadeó mientras Alessandro se acercaba.
—Si sigues metiéndote en mis asuntos, puede que me pierdas —amenazó Alessandro, con los p