—Harmony, tienes que volver en ti —dijo Alessandro, preocupado.
Pero ella no se movió. Su mano seguía apretando el cuello de Rita con fuerza inhumana. Los ojos de Harmony estaban fijos en ella con una intensidad feroz. El rostro de Rita se ponía azul; los ojos le salían de las órbitas mientras forcejeaba por respirar.
—Harmony, por favor… —suplicó Alessandro, intentando razonar con ella—. La vas a matar.
Pero Harmony parecía no oírlo. Estaba perdida en su propio mundo de rabia y dolor.
Algunos