—¡Por favor, no me mates! —suplicó Pedro aterrorizado mientras Alessandro lo ataba a la única silla que había en el oscuro calabozo.
—¿Por qué no debería hacerlo? —se burló Alessandro, con expresión implacable—. Solo has causado problemas a mí y a mi familia.
—Porque tengo algo importante que podrías necesitar —dijo Pedro, con la desesperación filtrándose en su voz.
Alessandro levantó una ceja.
—¿Qué podrías tener que yo quisiera?
Pedro tragó saliva con dificultad.
—Hace diecisiete años… Overlo