Star gemía de cansancio. El cuerpo le dolía de tanto limpiar aquella habitación enorme. Llevaba horas haciéndolo y las fuerzas empezaban a fallarle.
—Creo que deberías descansar —dijo una voz detrás de ella.
Se giró y vio a Rico de pie, con una expresión preocupada.
—Estoy bien, señor. No tiene por qué preocuparse —respondió ella, limpiándose el sudor de la frente.
Rico la miró fijamente durante un rato, como si buscara algo en su rostro.
—¿Desde cuándo estás aquí? —preguntó con calma.
—Unas