Asher
Le besé la parte superior de la cabeza.
—Lo sé, mi reina.
Se quedó en silencio después de un rato y simplemente se aferró a mí. Luego de unos momentos, se apartó y se limpió la cara rápidamente, viéndose avergonzada.
—Vaya, he estado llorando mucho últimamente.
La miré.
—No tienes por qué avergonzarte de tus sentimientos.
Me miró fijamente.
—Pasaste por mucho en cinco años, Ariella. Estuviste sola en el mundo sin nadie que te ayudara y embarazada de nuestro hijo. Luego regresaste y