Ariella
Luca asintió lentamente. María se deslizó a mi lado y presionó un pañuelo contra mi palma.
—Toma —dijo.
Me sequé los ojos.
—No te preocupes, el maquillaje es a prueba de agua —añadió María con una pequeña sonrisa—. Puedes llorar todo lo que quieras.
Aquello de verdad me hizo reír. Una pequeña risa temblorosa que rompió la tensión por un segundo. Pero pensar en mi papá todavía dolía. Él debió haber estado aquí.
Entonces Luca dijo:
—Tu mamá seguía enojada contigo. Asher no sabía s