Ariella
—Lo siento. Sé cuánto amabas a Dominic —hablé, tomando su mano.
—Está bien —respondió él—. Sé que no está, pero no hay nada que pueda hacer.
—Sí, lo sé —murmuré—, pero veo que todavía te duele, y me lastima verte así, ver que estás pasando por esto. Quiero que sepas que yo no era cercana a Dominic. No lo conocía. Pero si alguna vez necesitas a alguien con quien hablar, aquí estoy.
—Gracias —respondió en voz baja. Su pulgar acarició mis nudillos—. Lo único en lo que no dejo de pensar