Asher sonrió con picardía.
—Bueno, ya que quieres ser mi ramera, porque eso es lo que quieres ser, ¿verdad…? ¿Lo es? —me clavó la mirada. Y tal vez estaba hipnotizada, o me había tomado la palabra demasiado en serio, porque asentí—. Exacto. Bien. Así que, solo para que sepas lo que le ocurre a alguien como tú... Primero —anunció, y de pronto, sus manos se posaron en mis rodillas, separándome las piernas con fuerza.
Antes de que pudiera siquiera reaccionar, empujó dos dedos directo dentro de mí