ABBY KING
–Disfrute su compra señorita– la dependienta de la tienda me entrega la segunda bolsa de compra. Me muestra una sonrisa cálida y si no estaría tan molesta en este momento la devolvería pero ahora mi sangre hierve como lava de un volcán y no quiero erupcionar.
No somos nada. Esas simples palabras lograron que odie a Stefano por un instante.
Me esfuerzo y me esfuerzo pero creo que nada cambia. Pongo de mi parte pero parece que no logro mover la pared de concreto que Stefano ha puesto en