—¡Por fin regresaste! —exclama, mirándome de pies a cabeza—. ¡Estás más hermosa que nunca!
En cambio él, está demacrado, barbudo, trae el cabello desarreglado, su traje está completamente arrugado y despide un olor a alcohol que no se podría ocultar con nada. Nunca me imaginé encontrarlo en este estado, no queda nada del Tomás que se cuidaba tanto.
Da unos pasos acercándose y pongo mi mano sobre su pecho para detenerlo, al ver sus intenciones.
—¿No estabas trabajando? —pregunto.
—Sí, pero