Keith caminaba por los pasillos laterales con paso firme, guiando a Caroline lejos del ala principal. La casa se volvía más silenciosa, más íntima, mientras se adentraban en una zona que pocos visitaban.
—Mi padre remodeló este salón hace unos años —dijo Keith, abriendo una puerta de madera oscura—. Pensé que podría gustarte.
Caroline entró primero, y sus ojos brillaron al ver el espacio: mesas de billar con tapiz verde, una barra de madera pulida, sillones de cuero, y una iluminación cálid