Keith se rio, una risa baja y seca que resonó en el vestíbulo del pub, sin un ápice de alegría. Era el sonido de la victoria y la crueldad, el eco de la superioridad que solo servía para avivar la llama de la furia reprimida de Duncan.
—Gracias por tu preocupación, hermanito. Los veo en el coche. Tengo que encargarme de un par de asuntos, pero ya sabes… la familia siempre es lo primero —dijo Keith, el sarcasmo goteando en cada palabra que brotaba de sus labios. Su mirada, justo antes de pasar,