Alexandra
Sentí unas suaves caricias en mis brazos, pero al despertar estaba sola, había tanto silencio y no sabía qué hora era, veo prender la luz del baño de mi dormitorio y encienden la ducha, no podían ser mi padre ni Diana, ellos tienen los suyos, me levante con cuidado, mi cabeza dolía, camino en silencio para toparme con la figura de Mateo, sin camisa, solo con sus pantalones militares que hacían que resaltara todo ese cuerpo musculoso.
Él no se percata que lo estoy viendo, se saca los