Kingston
Caminaba de un lado a otro por mi estudio, con la frustración bullendo bajo mi piel como un picor que no podía rascarme. Nadie respondía a mis llamadas, ni Lina, ni los trillizos, ni siquiera los miembros del equipo. El silencio se extendía por todos los canales que probaba, una quietud inquietante que no me tranquilizaba en absoluto. Algo iba mal; lo notaba en lo más profundo de mi estómago.
Esto no era normal, para ninguno de ellos.
La última vez que había hablado con Lina, me ha