Las palabras le aliviaron un poco la carga, pero no por completo —Gracias — Murmuró Andy— Escucharte decirlo me tranquiliza más de lo que crees —
Desde un rincón, la risa leve de Gusto rompió la tensión. El duende, con las manos en la cintura y una mirada decidida, le dio una palmada en el brazo.
—Ánimo, amigo. No te me apagues ahora —
Andy respiró hondo —Estoy bien, Gusto. Solo… destruyan la casa y todo lo relacionado con nuestra estancia aquí. No debe quedar rastro —
El duende arqueó una ceja