Sin responder, él la alzó con suavidad, aunque el peso de sus palabras lo atravesó. La depositó sobre la cama y, con un intento de ternura, le acarició el rostro.
—Sé que me amas — Dijo con una certeza obstinada— Haré que ese sentimiento florezca otra vez —
Siria lo miró con los ojos muy abiertos cuando él comenzó a despojarse de la ropa. El rubor le subió al rostro y cubrió su vista con las manos.
—Mi vida, quita las manos. Ven a mis brazos… te amo — Susurró él, acercándose con lentitud.
Pero