Melany cerró los ojos, conmovida pero todavía cautelosa —Ya veo…—
—No estés triste, amor — Dijo Keny con dulzura— Ahora estás aquí, a mi lado. Tu sonrisa me cautiva, tus labios me llaman, y siento que tengo lo mejor de la vida frente a mí —
Ella frunció el ceño, buscando la verdad —Cuando fuiste a mi casa a hablar con mi padre… ¿Era para elegir a Montserrat como esposa? —
Keny la miró serio, molesto por la acusación —No… yo solicitaba tu mano. Cuando la vi a ella, y no a ti, me enojé mucho. Te b