ALEXANDER HAMPTON
La sensación de la boca caliente y húmeda de Lizzy subiendo por mi miembro fue el fin de mi hilo de pensamiento. El autocontrol que había estado manteniendo y el deseo de ser gentil, de hacer el amor despacio en la suave cama del hotel cinco estrellas, se desintegró como cenizas al viento.
Estaba arrodillada a mis pies, mojada, desnuda, mirándome con esos ojos desafiantes y llenos de lujuria, sabiendo exactamente lo que me estaba haciendo.
— Basta. — gruñí.
Mis manos se hundie