ELIZABETH WINTER
El sol de la tarde en Hanói derramaba un oro líquido sobre la superficie del Lago Oeste, pero dentro de la habitación de la casa de huéspedes, la luz era suave y filtrada.
Estaba sentada frente a un espejo de marco oscuro, entregada a las manos hábiles de dos mujeres vietnamitas que el ministro Tran había enviado. Mai y Linh. No hablaban mucho inglés, pero el lenguaje de la belleza era universal.
— Đẹp lắm (Muy hermoso) — susurró Mai, alisando un mechón de mi cabello.
— Dijo qu