STELLA HARPER
La mañana todavía estaba fresca cuando oí el timbre. Miré el reloj de la cocina y eran exactamente las siete. Larissa se tomaba muy en serio el horario que habíamos acordado.
Abrí la puerta y la encontré parada en el umbral, vestida de forma sencilla: jeans y una blusa clara, el pelo recogido en una coleta una vez más. En sus ojos había ese brillo decidido que vi el primer día, pero también una sombra de cansancio que no conseguía disimular.
—Buenos días, señora Stella —dijo con u