STELLA HARPER
La casa estaba demasiado silenciosa después de que los gemelos se fueron a la escuela y Danian subió a dormir un rato. La sala parecía más grande sin el ruido de ellos corriendo de un lado a otro.
Alexander vino de la cocina trayendo dos tazas de té y puso una frente a mí.
—Gracias —digo, tomando la taza—. Ya te vas, ¿verdad? —pregunté, aun sabiendo la respuesta.
Suspiró, como si ya estuviera cansado de solo pensar en lo que le esperaba.
—Sí. Tengo que volver a San Francisco