STELLA HARPER
TRES SEMANAS DESPUÉS
Habían pasado exactamente veintidós días desde que desperté en esta habitación de hospital y descubrí que, por algún milagro, todavía estaba viva. A veces, acostada en esta cama, mirando el techo blanco y los cables que todavía me conectaban a las máquinas, intentaba recordar cómo había superado todo aquello. Fracturas, cirugía, dolor insoportable… y, en medio de todo, la sensación constante de que mi vida podría haber terminado allí, en la carretera, junto co