El silencio que envolvía el jardín trasero del hospital apenas duró unos segundos.
La brisa nocturna soplaba con suavidad, agitando las hojas que empezaban a amarillear a lo largo del sendero. La luz de las farolas proyectaba largas sombras sobre el suelo de piedra, creando una atmósfera tan silenciosa que incluso el sonido de sus propias respiraciones podía oírse con claridad. A lo lejos, apenas se distinguían los pitidos de los monitores provenientes de las habitaciones y el ir y venir de l