(Perspectiva de Sofía)
La ventana de la clínica daba al oeste, así que nunca vi salir el sol. Llevaba mirando la misma franja de cielo gris durante lo que parecía una hora cuando la puerta se abrió y Rodri entró primero, escaneó la habitación de la manera que siempre lo hacía —rincones, techo, la esposa en mi muñeca— y luego se hizo a un lado para dejar pasar a Rosario.
Llevaba una bandeja cubierta. Un tazón de avena, un vaso de jugo de naranja con una servilleta de papel doblada debajo, y una