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Acaricio sus muslos con una mano, y me inclino hasta que mi nariz toca su cuello, haciéndola estremecer.

— ¿Y si salimos unas horas de este sitio? –la propongo, y junto nuestras caderas sobre la ropa –. Pasaremos la noche en algún sitio no muy llamativo y saldremos de esta mierda unas horas.

—Me encantan tus ideas –jadea

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