Mundo ficciónIniciar sesiónLa sala de espera privada del Tribunal Internacional de Justicia olía a café recalentado y tensión contenida. Valeria observaba el reloj digital en la pared: 4:32 PM. En cualquier momento, Vincenzo Santoro subiría al estrado para ofrecer su testimonio voluntario, el último acto de una tragedia que había comenzado mucho antes de que ella supiera su nombre.
Isabella estaba sentada a su izquierda, con los dedos entrelazados sobre el regazo y la es







