—Mira quién se digna a venir a trabajar —comentó con desdén. Tragué saliva nerviosamente, evitando su mirada mientras tecleaba en su escritorio. ¡Qué idiota! Ojalá pudiera responderle, pero no quiero arriesgarme a perder mi única oportunidad en este trabajo; la necesitaba.
Mientras lo miraba, no supe si quería que le respondiera. Observé que había vuelto a su atuendo habitual, un traje azul marino que le sentaba de maravilla y lo hacía ver guapo.
—Dime, Ariana, ¿por qué debería contratarte? —La