Salí de la villa poco después para empezar mi jornada laboral. En cuanto llegué a la empresa, con la cabeza bien alta, sentí claramente las miradas dirigidas a mi espalda. Oí murmullos a mi paso, probablemente sobre el incidente de ayer. Decidí ignorarlos y seguí caminando hacia nuestra planta.
Justo al entrar en el ascensor, me fijé en Leo. Me miró asombrado y yo le devolví la mirada.
—¿Qué? —pregunté en tono juguetón, arqueando una ceja ante su expresión de incredulidad.
Leo se ajustó las gaf