Dante entró a la recámara y se detuvo en seco al ver a Chloe salir del armario. El camisón transparente no dejaba casi nada a la imaginación; sus ojos recorrieron cada curva, deteniéndose en sus tetas, donde los pezones se marcaban con claridad bajo la fina tela, para luego bajar hacia el encaje que apenas cubría su intimidad.
- ¿No tienes algo menos provocativo? - preguntó Dante, frotándose la barbilla mientras intentaba mantener el control.
Chloe se miró a sí misma y luego lo encaró a él, enc