Esmeralda iba en el automóvil de Kenton perdida en sus pensamientos y con el estómago revuelto. Ella no sabía si su malestar era por su embarazo o tal vez debido a los nervios o a quien la acompañaba. Cualquiera de esas posibilidades era factible.
Kenton la observaba. Él quería tomar su mano, decirle que todo estaría bien, pero sabía que su gesto no sería bien recibido. Lo mejor era darle espacio para asimilar la realidad que los unía, aunque eso le resultara particularmente difícil.
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