El cielo del atardecer se veía claramente desde el coche negro que empezaba a entrar en el patio principal de la mansión de la familia Romano. Serafina contemplaba la mansión con una mezcla de dudas y miedo. Aun así, al menos podía sentirse un poco tranquila, ya que Dante le había estado agarrando la mano con mucha fuerza desde hacía rato. Como si le estuviera insinuando que todo iría bien y que él estaba allí con ella.
“¿Estás lista?” Preguntó Dante en voz baja, tratando de asegurarse.
Serafin