Astrid se mantuvo completamente tranquila y estuvo lejos de ponerse como loca a maldecir a esos viejos hipócritas, una sonrisa cínica surgió en sus labios y miró a los hombres de tal forma que ellos se asustaron por completo e incluso pude ver como uno de ellos sudo helado.
— Si ya han terminado de su cacaraqueo pues supongo que me toca a mí hablar — ella se levantó y se puso como si fuera una leona — en este momento consideren sus acciones vendidas y las voy a comprar yo, lo que haga o deje de