Escuché como los pasos de Ilán se volvían rápidos y luego un sonido seco de la puerta cerrándose inundó mis oídos, al levantar con precaución la vista fue que miré que estaba completamente sola. Tomé a Oreo entre mis manos y después lo fui a poner en un cajón vacío.
— Hola — Ilán entró a la habitación ya vestido — lo siento, no sabía que vendrías a mi cuarto y estaba a punto de bañarme.
— Ahora es nuestro cuarto — me lancé en la cama de mi abuela — resulta ser que al ama de llaves se le ocurri