Mi sonrisa se volvió aún más sarcástica, el hombre al ver la indiferencia que lo veía se puso furioso y se levantó de tal forma que hubiera asustado a cualquiera pero no a mí.
— Por favor llama al chef — miré a Nathan — quiero hablar con él, aquí el señor presente está siendo un reverendo idiota y ya me cansé de darle una amabilidad que evidentemente no se merece.
— ¿Y está quién se cree para mandar como si fuera la dueña? — el tipo hizo un gesto de desagrado y miró a Nathan — ¿Y tú quién eres