Massimo y Celeste estaban a la espera de que alguien saliera de la sala de operaciones, con cada minuto que pasaba, Celeste sentía que el corazón se le estrujaba. Massimo podía sentir la intranquilidad de la joven, la abrazó y le dijo:
- Pietro es un terco, créeme, él se va a aferrar a la vida, tú y sus hijos son por lo que va a luchar de ahora en adelante.
- ¿Tú crees?
- ¡No solo lo creo! ¡Estoy completamente seguro!
Celeste respiró hondo y trató de creer en las palabras de su cuñado, que no le