Massimo luego de varios minutos apareció con Maurizio en brazos y Paolo caminando a lado de él, ambos parecían apenados, pero al ver la comida en la mesa el semblante cambio a unos dinosaurios hambrientos. Sin dudar y saludar comenzaron a devorar lo que había en sus platos servidos.
— Ya ven niños, acomida está deliciosa. — Dijo Matteo viéndolos de reojo. — ¿En dónde estaban?
— Viendo la televisión… ¡Tenías razón! — Dijo Massimo cruzándose de brazos. — Ahora bien, ¿acaso no piensan saludar? Está