La noche paso rápidamente entre besos y caricias, Pietro olfateaba el cuerpo de Celeste, su aroma a rosas le ofrecía mucha tranquilidad, abrazarla y sentir el movimiento de sus hijos de vez en cuando, le hacía sentir una extraña punzada en el pecho, no era dolor, no era angustia, era otra cosa muy parecida a la felicidad y orgullo.
Los primeros rayos del sol se colaron a través de las cortinas, la mañana lucía dorada, Pietro tenía sobre su pecho a Celeste, acariciaba con delicadeza su espalda, s