Marco no sabía exactamente dónde sentarse, los ojos almendra de su esposa lo miraban con curiosidad, Valeria no entendía la actitud de su esposo, no entendía nada de lo que estaba ocurriendo.
— ¡Dios Marco! ¡Ya toma asiento y hablemos de lo que significa eso! – Dijo Valeria señalando el folder con documentos.
Marco finalmente se sentó en la silla que estaba frente al escritorio, quedando a lado de Valeria, se giró y la miro, vio esos ojos que le volvían loco y que hoy le dolían.
— Vale… No querí