Guadalupe llevaba ya una semana en la clínica y aunque había tenido un buen avance, cuando llegaba a su habitación o cuando daba paseos por los jardines y se encontraba sola, las lágrimas brotaban, lloraba en silencio.
Se sentía tan hueca, esa sensación no se le quitaba por más que se esforzara, caminaba y le dolían las piernas.
Se desmoronaba por las noches cuando iba a dormir, la semana que pasó a lado de Massimo, le había dejado una marca.
Extrañaba el calor de su abrazo y, al cubrirse con l