Luego de echarle un vistazo más al cementerio donde decidió colocar los restos de su esposa, Luciano subió a su auto, lloro un momento más, se permitió recordar algunos momentos vividos con su esposa, miró hacia el asiento del copiloto y aún había rastro de la existencia de ella.
Un cepillo de cabello, un perfume de rosas, ligas de cabello que normalmente colocaba en la palanca de velocidades. Él llegó a la conclusión de que no podía seguir así.
Cada cosa que tenía, cada cosa que veía, lo lleva